La selección sexual es la presión que surge cuando ciertos individuos dentro de una población tienen más éxitos que otros a la hora de conseguir pareja y producir descendencia, lo que conduce a un desarrollo de rasgos y conductas que incrementan las posibilidades de reproducirse. Según lo planteado por Trivers (1972), lo importante para la selección sexual es cómo se distribuye el éxito reproductivo entre los individuos de cada sexo.
En la mayoría de las especies, la varianza en el éxito reproductivo suele ser mayor en los machos. Esto se debe a que las hembras invierten más recursos en cada cría, dado que deben producir un óvulo, deben de pasar por el proceso de embarazo y posteriormente el cuidado parental, mientras que los machos simplemente producen una gran cantidad de espermatozoides y de bajo coste. Como consecuencia, algunos machos logran reproducirse con muchas hembras, mientras que otros no consiguen descendencia alguna. Esta desigualdad intensifica la selección sexual sobre los machos, favoreciendo la evolución de ornamentos llamativos, armas y comportamientos de competencia o cortejo. Un buen ejemplo de ello son los pavos reales (Pavo cristatus), en los que los machos no participan en el cuidado parental y algunos individuos logran mucho más éxito reproductivo que otros, lo que favorece la evolución de sus llamativas y coloridas colas.
| Una pareja de pingüinos emperador (Aptenodytes forsteri) con su polluelo. Créditos de la imagen; Martha de Jong-Lantink |
- Trivers, R. L. (1972). Parental investment and sexual selection.
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