La evolución de los comportamientos adaptativos se entiende como el proceso mediante el cual las condcutas de los seres vivos se modifican a lo largo del tiempo en respuesta a la presiones selectivas del entorno. Este proceso, la selección natural favorece aquellos comportamientos que aumentan la supervivencia del individuo y su éxito reproductivo, mientras que aquellos comportamientos que suponen una desventaja selecctiva son eliminados.
En entorno insulares, esto se hace especialmente evidente debido a que las condiciones ecológicas suelen diferir de manera importante respecto a los ambientes continentales. Muchas islas presentan una ausencia o reducción de depredadores, lo que hace que las presiones selectivas que normalmente impulsan el desarrollo de comportamientos adaptativos defensivos desaparezcan o se debilitén. No obstante, esto no implica que todas las respuestas de miedo desaparezcan por completo, ya que su mantenimiento depende de la historia evolutiva de cada especie y de los depredadores con los que ha coexistido previamente. En aquellos casos en los que todavía existe algún depredador nativo, puede conservarse conductas antidepredatorias específicas.
En condiciones continentales, las respuestas antidepredatorias, como la huida, la vigilancia o la evitación de determinadas zonas por miedo, son fuertemente favorecidas porque reducen la probabilidad de mortalidad. Sin embargo, cuando esta presión desaparece, este tipo de comportamientos puede dejar de ser adaptativos y resultar costoso para los individuos que los mantienen. Las respuestas de miedo implican un importante gasto energético debido a la activación del sistema neuroendocrino del estrés, así como costes adicionales derivados del movimiento, la vigilancia constante y la pérdida de tiempo disponible para la reproducción o la alimentación.
En entornos insulares, este aspecto es especialmente importante porque la productividad primaria suele ser limitada, lo que reduce la disponibilidad de recursos en los niveles tróficos superiores. Como consecuencia, cualquier gasto energético innecesario resulta costoso en términos de tiempo y energía, lo que hace que la selección natural favorezca la pérdida progresiva de estos rasgos conductuales y morfofisiológicos (Köhler y Mòya-Solà, 2004).
El principal problema de esta reducción de comportamientos antidepredadotrios aparece cuando el ser humano coloniza estas islas o introduce especies domésticas que pueden suponer un peligro para las especies endémicas. En estas nuevas condiciones, muchas especies insulares, al no haber compartido una larga historia de interacción depredador-presa con estos organismos, no los reconocen como una amenaza. Esto ha hecho que gran parte de las especies que no presentaban comportamientos antidepredadorios previamente se hayan extinguido. Este podría ser el caso del dodo (Raphus cucullatus), el zorro-lobo de las Malvinas (Dusicyon australis), los moas de Nueva Zelanada, el lémur gigante de Madagascar (Archaeoindris) y una larga lista de especies similares.
| Ilustración del zorro-lobo de las Malvinas (Dusicyon australis) de John Gerrard Keulemans. |
- Köhler, Meike & Moyà-Solà, Salvador. (2004). Reduction of Brain and Sense Organs in the Fossil Insular Bovid Myotragus.
https://www.researchgate.net/publication/8916341_Reduction_of_Brain_and_Sense_Organs_in_the_Fossil_Insular_Bovid_Myotragus