Si uno se detiene a observar la historia evolutiva de los saurópodos, se dará cuenta de que sus ancestros (los sauropodomorfos basales) eran principalmente bípedos o facultativamente cuadrúpedos, aunque, en términos generales, eran mayoritariamente bípedos, con grandes patas posteriores largas y fuertes, capaces de soportar la mayor parte del peso del animal junto con su larga y robusta cola, que actuaba como contrapeso y permitía mantener el equilibrio, lo que situaba el centro de masas sobre o ligeramente por delante de la cadera, en la región posterior del cuerpo y favorecía el apoyo principalmente sobre sus patas posteriores. Mientras que sus extremidades anteriores eran más cortas y menos robustas, y no estaban especialmente dedicadas al sostén permanente del cuerpo. Estas presentaban una mayor moviidad y conservaban cierta capacidad de manipulación, con dedos bien definidos y provistos de garras que les habrían permitido sujetar o acercar la vegetación al animal
A medida que estos animales comenzaron a aumentar de tamaño y se produjo el alargamiento progresivo del cuello, su centro de masa comenzó a desplazarse hacia la parte anterior del cuerpo, ya que el aumento continuo de la longitud y la masa del cuello hacía cada vez más difícil mantener una postura bípeda. Como consecuencia, el sistema de equilibrio basado en la patas posteriores y la cola dejó de ser suficiente para sostener el cuerpo, por lo que las extremidades anteriores comenzaron a soportar una proporción creciente del peso corporal.
Este cambio en la distribución del peso llevó progresivamente al desarrollo de una postura exclusivamente cuadrúpeda, en la que el peso del cuerpo se distribuyera entre las cuatro extremidades, lo que permitió restablecer el equilibrio, reducir la carga sobre las extremidades posteriores y, al mismo tiempo, seguir incrementando el tamaño del cuello. Como consecuencia directa de esta nueva función de soporte, las extremidades anteriores perdieron progresivamente su capacidad de manipulación. A medida que estas pasaron a soportar una carga constante, los dedos fueron perdiendo movilidad e interdependencia, y la mano se fue transformando en una pata en forma columnar, lo que permitió una mayor eficiencia en el soporte del cuerpo y facilitó el incremento del cuello.
| Evolución de la morfología de la extremidad anterior a lo largo de la historia evolutiva de los saurópodos. Extraído de Milán et al. (2014). |
El incremento del cuello se produjo gracias a la intervención de dos procesos principales. Por un lado, se dio un aumento del número de vértebras cervicales, lo que implicó que parte de las vértebras que en otros vertebrados formarían la región dorsal pasaran a desarrollarse como vértebras cervicales debido a cambios en la expresión de los genes Hox (Böhmer et al., 2015a; Böhmer et al., 2015b). Por otro lado, se produjo un alargamiento progresivo de cada una de las vértebras cervicales debido a la actividad de las placas de crecimiento en los extremos de las vértebras, donde la proliferación y diferenciación de condrocitos (células del cartílago) durante la formación del hueso permite el crecimiento en longitud de la vértebra, proceso que está regulado por varias señales moleculares (Haraguchi et al., 2019).
- Böhmer, Christine & Rauhut, Oliver. (2015a). New insights into the vertebral Hox code of archosaurs.
- Böhmer, C., Rauhut, O. W., & Wörheide, G. (2015b). Correlation between Hox code and vertebral morphology in archosaurs.
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4590465/ - Haraguchi, R., Kitazawa, R., Kohara, Y., Ikedo, A., Imai, Y., & Kitazawa, S. (2019). Recent Insights into Long Bone Development: Central Role of Hedgehog Signaling Pathway in Regulating Growth Plate.
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6928971/