Sunday, March 15, 2026

¿A quién le importa?

La mariposa capuchina (Piereis cheiranthi)... esa mariposa de las Canarias que está en peligro de extinción y de la que tanto hablan. Pero mi respuesta siempre será, con un tono plenamente sarcástico: ¿a quién le importa? Es decir, obviamente me parece interesante las mariposas (y más aún una especie endémica del archipiélago), pero seamos sinceros, a la sociedad, y en general a la mayoría de la gente suele importarles muy poco los invertebrados. Aunque los lepidópteros, en general, son un grupo bastante conocido, pero en lo que se refiere a su conservación sigue siendo un lastre. Y eso que no es el grupo de organismos con menor inversión económica en proyectos de conservación de especies.

En concusión: el 83% de la financiación y el 84% de los proyectos se destinaron a los vertebrados, dejando a las plantas, los invertebrados, los hongos y las algas con los recursos restantes. Como era de esperar, dentro de los vertebrados, los mamíferos y las aves acapararon casi todo el apoyo, mientras que los anfibios, a pesar de ser el grupo de vertebrados más amenazado, recibieron tan solo el 2,5% de la financiación. Créditos de la imagen: Iva Njunjic.


Por muy abrumador que parezca, en cierto modo es normal que sucedan este tipo de cosas, básicamente porque determinados organismos son más carsimáticos para el público en general, mientras que otros no despiertan ese mismo interés. Los propios grupos de investigación también se ven influidos porque resulta mucho más sencillo y atractivo, y posiblemente más rentable en términos de impacto académico, estudiar un mamífero o un ave que un insecto diminuto o una bactería casi invisible. Esta situación genera un círculo vicioso que se retroalimenta, ya que menos interés en el público significa menos financiación, menos financiación significa menos investigación, menos investigación significar menor conocimiento, y menor conocimiento significa menor conservación.

Y este es el gran problema de una importante cantidad de invertebrados que hay en las Canarias, aunque también sucede en todo el mundo. Por ejemplo, en Canarias no se tienen registros de especies como Megachile hohmanni, una especie endémica de Fuerteventura, que no ha sido registrada desde su descripción en 1983 a pesar del esfuerzo de muestreo. De igual modo, la subespecie endémica de Tenerife Melita aegyptiaca clusia que habitaba en las zonas costeras del sur de la isla de Tenerife, tampoco tiene registros desde 1978. Y nuestra querida mariposa del inicio de esta publicación, Pieris cheiranthi, que se extinguió en La Gomera en 1975 y cuya situación poblacional en Tenerife (sino extinta) y La Palma está en grave peligro.

A la izquierda: ejemplares de Megachile hohmanni en la colección del Museo de Ciencias Naturales y el Hombre de Tenerife. A la derecha: hembra de Melitta aegyptiaca clusia. Créditos de las imagen: Carlos Ruiz

Por suerte (o por desgracia), conocemos la situación poblacional de estas especies de invertebrados, pero hay muchas otras que ni si quiera se estudian porque, sencillamente, no hay investigadores que se dediquen a estudiar determinados grupos de invertebrados, como pueden ser los colémbolos o los tan frecuentes isópodos. En el caso de los isópodos, solo conozco a una persona que los estudie, pero debe de ser un trabajo abrumador que un solo investigador en toda Canarias se dedique a un grupo tan grande y diverso como es el de los isópodos terrestres.

A mi punto de vista, creo que la mejor manera de tratar y de solucionar tal potente problema es yendo al punto cero, es decir, entender la evolución de esos organismos y sus interacciones ecológicas, cómo se han adaptado a su entorno y qué papel juegan en los ecosistemas en los que viven. Y al mismo tiempo, incentivando a las generaciones futuras a estudiar estos grupso de organismos, los cuales pueden ser una fuente importante para la publicación de artículos que podrían ser bastantes interesantes. Esto haría que estos estudios tengan la suficiente repercusión que merecen para justificar su inversión.

Una vez conseguida esa inversión y ese conocimiento, se podrá avanzar hacia la conservación de estos grupos marginados, que apenas reciben financiación para sus proyectos. Porque, sinceramente, ¿cómo vamos a intentar conservar o críar en cautividad a un organismos cuya biología se desconoce por completo? 

A parte de esto, quizás, si las propias universidades no se encarguen de realizar tales proyectos, una manera bastante ideal de llevar a cabo esa conservación (y que seguro que cuentan con los medios necesarios) sería mediante instituciones como Loro Parque, Poema del Mar o el Centro de Recuperación de Fauana Silvestre La Tahonilla.


A ver, obviamente, no dejo de entender que todo esto dicho de palabra es bastante sencillo, pero las ideas están ahí.

Bibliografía
  1. Guénard, Benoit & Hughes, Alice & Lainé, Claudianne & Cannicci, Stefano & Russell, Bayden & Williams, Gray. (2025). Limited and biased global conservation funding means most threatened species remain unsupported.
    https://www.pnas.org/doi/10.1073/pnas.2412479122

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