Wednesday, April 15, 2026

La extraña proporción 1:1

En la mayoría de los animales con sexos separados se mantiene una proporción de sexos cercana a 1:1, es decir, aproximadamente el mismo número de machos que de hembras en una población. Esta curiosa proporción se podría tratar de explicar a través de la monogamia, ya que en un sistema en el que cada individuo necesita una pareja del sexo opuesto para reproducirse, parecería lógico que la selección favoreciera un equilibrio entre la proporción de machos y hembras. Si hubiera un exceso de individuos de un sexo, algunos quedarían sin pareja y no podrían reproducirse, lo que en principio supondría una desventaja para cualquier estrategia que produjera más descendientes de ese sexo mayoritario.

Lo cierto es que la monogamía es un sistema de apareamiento extremadamente raro, y en la mayoría de las especies predominan formas de poligamia en la que uno de los sexos, generalmente el masculino, puede reproducirse con varios individuos del sexo opuesto. En este caso, el equilibrio deja de ser tan intuitivo, ya que un número reducido de machos podría, en teoría, fecundar un gran número de hembras sin que ello limite la producción de descendencia. En ese sentido, parecería más ventajoso que las hembras fueran más abundantes, puesto que son ellas las que directamente generan la descendencia, pero igualmente, a pesar de esto, se sigue observando la misma tendencia hacia la proporción 1:1.

Esto indica que la explicación de la proporción de los sexos es independiente del sistema de reproducción de los organismos ¿Pero entonces por qué siempre se observa esa tendencia de equilibrio entre la cantidad de individuos de los distintos sexos? Fisher (1930) demostró que la proporción 1:1 es una estrategia evolutivamente estable, ya que cualquier desviación de ese equilibrio genera automáticamente una ventaja para el sexo menos frecuente. Si un sexo es raro, los individuos que producen más descendientes de ese sexo tendrán mayor éxito reproductivo porque sus hijos encontrarán más oportunidades de reproducirse. Por ejemplo, si en una población hay pocos machos, cada macho tendrá acceso a más hembras y, por tanto, en promedio dejará más descendencia que una hembra.

Desde la perspectiva dawkiniana del "gen egoísta", este resultado puede entenderse como la consecuencia de la selección actuando sobre genes que maximizan su propagación (Dawkins, 1976). Los genes que influyen en la proporción de sexos de la descendencia son seleccionados por su capacidad de aumentar la cantidad de copias de sí mismos en la siguiente generación, ya que su éxito depende directamente del número de descendientes que logran dejar portadores de esa mismo gen. Una vez que estos genes se encuentran en un contexto poblacional en el que el sexo que favorecen se vuelve común, la ventaja inicial desaparece, por lo que los individuos de ese sexo dejan de tener una mayor probabilidad relativa de reproducirse.

Bibliografía

  1. Fisher, R.A. (1930) The Genetical Theory of Natural Selecction
  2. Dawkins, Richard (1976). The Selfish Gene

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