Hidras, planarias, cnidarios, equinodermos, hongos, una importante cantidad de plantas, algas y cianobacterías. Ocho grupos (a grandes rasgos) en los que me he tenido que comer el coco para poder tratar de hacer este post, pero con un buen e interesante motivo: ¿existe la inmortalidad biológics? A ver, está claro que la respuesta, como es de esperar, es un rotundo no. Todos los seres vivos mueren, ya sea por causas naturales como el envejecimiento, por enfermedades, por depredación o por cualquier daño que sufran en su entorno.
Sin embargo, si nos fijamos bien, todos los grupos mencionados anteriormente, curiosamente, TODOS, mueren por condiciones externas, es decir, no llegan a morir por vejez como podría ser el caso de un vertebrado. Aunque, si somos estrictos, realmente la muerte por vejez no existe del todo, dado que usualmente es el depredador/enfermedad el que termina rematando la faena, pero, en cualquier caso, considerando el envejecimiento como una causa de muerte, estos grupos son una buenísima excepción a esta regla biológica en nuestro maravilloso y complicado mundo. Dado que ningún organismo perteneciente a esos grupos son capaces de morir por vejez, siempre su muerte va a estar asociada a un factor externo, nunca a un factor interno. Por ejemplo, un pino, suponiendo que viviéra en un mundo ideal en el que no existieran condiciones ambientales que dificultaran su supervivencia u organismos que la afecten, sería un organismo inmortal desde un punto de vista individual, ya que a pesar de que sus células mueran durante su vida, va a poder seguir regenerando sus tejidos y seguir creciendo indefinidamente.
Quizás, el gran "pero" a este imaginativo caso es que el pino (o cualquier otro organismo de los ocho grupos) no podría llegar a evitar por completo los errores genéticos en sus células. A fin de cuentas, cuanto mayor sea el tiempo que viva un organismo, mayor será la probabilidad de que se cometan pequeños errores genéticos durante la división celular. No obstante, estos cuentan con un sistema de reparación del ADN y de reemplazo de células dañadas bastantes eficientes, pero siempre cabe la remota posibilidad de que se pueda cometer algún error.
Pero ¿qué es lo que permite que estos ocho grupo sean inmortales de manera teórica y que otros grupos no puedan serlo? Pues sencillamente su simplicidad estructural, la ausencia de organos vitales complejos y su increíble capacidad de regeneración de tejidos. Sin estos tres rasgos sería imposible.
A parte de esto, una manera bastante atrevida de enrevesar aún más el problema sería suponer que el organismo en cuestión crea un clon y que el organismo progenitor, del que desciende dicho clon, muere. ¿En ese caso seguiría siendo inmortal? Pues, como casi todo en biología, la respuesta depende de cómo queramos definir la inmortalidad. Si definimos la inmortalidad como la supervivencia indefinidad de un individuo concreto, la respuesta sería negativa, a pesar de que haya dado lugar a un clon genéticamente idéntico. Puesto que el organismo original muere y desaparece como individuo, y el clon, por muy idéntico que sea a nivel genético, no deja de ser un nuevo organismo que empieza su propia historia biológica desde el momento en que se forma. En cambio, si consideramos la inmortalidad como la continuidad de la información genética a lo largo del tiempo, entonces la cosa cambia bastante. Dado que la muerte del organismo progenitor no supondría un final real, ya que su información genética seguiría existiendo. En este caso, pues, estaríamos hablando de la inmortalidad de la información genética.
Idea que se aproxima bastante a las temerosas doctrinas Dawkinianas, que todavía no me he atrevido a tratar, pero que supongo que en algún momento las trataré.
Sin embargo, si nos fijamos bien, todos los grupos mencionados anteriormente, curiosamente, TODOS, mueren por condiciones externas, es decir, no llegan a morir por vejez como podría ser el caso de un vertebrado. Aunque, si somos estrictos, realmente la muerte por vejez no existe del todo, dado que usualmente es el depredador/enfermedad el que termina rematando la faena, pero, en cualquier caso, considerando el envejecimiento como una causa de muerte, estos grupos son una buenísima excepción a esta regla biológica en nuestro maravilloso y complicado mundo. Dado que ningún organismo perteneciente a esos grupos son capaces de morir por vejez, siempre su muerte va a estar asociada a un factor externo, nunca a un factor interno. Por ejemplo, un pino, suponiendo que viviéra en un mundo ideal en el que no existieran condiciones ambientales que dificultaran su supervivencia u organismos que la afecten, sería un organismo inmortal desde un punto de vista individual, ya que a pesar de que sus células mueran durante su vida, va a poder seguir regenerando sus tejidos y seguir creciendo indefinidamente.
Quizás, el gran "pero" a este imaginativo caso es que el pino (o cualquier otro organismo de los ocho grupos) no podría llegar a evitar por completo los errores genéticos en sus células. A fin de cuentas, cuanto mayor sea el tiempo que viva un organismo, mayor será la probabilidad de que se cometan pequeños errores genéticos durante la división celular. No obstante, estos cuentan con un sistema de reparación del ADN y de reemplazo de células dañadas bastantes eficientes, pero siempre cabe la remota posibilidad de que se pueda cometer algún error.
Pero ¿qué es lo que permite que estos ocho grupo sean inmortales de manera teórica y que otros grupos no puedan serlo? Pues sencillamente su simplicidad estructural, la ausencia de organos vitales complejos y su increíble capacidad de regeneración de tejidos. Sin estos tres rasgos sería imposible.
A parte de esto, una manera bastante atrevida de enrevesar aún más el problema sería suponer que el organismo en cuestión crea un clon y que el organismo progenitor, del que desciende dicho clon, muere. ¿En ese caso seguiría siendo inmortal? Pues, como casi todo en biología, la respuesta depende de cómo queramos definir la inmortalidad. Si definimos la inmortalidad como la supervivencia indefinidad de un individuo concreto, la respuesta sería negativa, a pesar de que haya dado lugar a un clon genéticamente idéntico. Puesto que el organismo original muere y desaparece como individuo, y el clon, por muy idéntico que sea a nivel genético, no deja de ser un nuevo organismo que empieza su propia historia biológica desde el momento en que se forma. En cambio, si consideramos la inmortalidad como la continuidad de la información genética a lo largo del tiempo, entonces la cosa cambia bastante. Dado que la muerte del organismo progenitor no supondría un final real, ya que su información genética seguiría existiendo. En este caso, pues, estaríamos hablando de la inmortalidad de la información genética.
Idea que se aproxima bastante a las temerosas doctrinas Dawkinianas, que todavía no me he atrevido a tratar, pero que supongo que en algún momento las trataré.
No comments:
Post a Comment